Aunque nació en Barcelona (1948) hace ya más de diez años que vive en la Seu de Urgell desde donde recorre los pueblos más recónditos y humildes de Cataluña para arrancar de ellos su particular belleza.
La gran capacidad de observación de Jaume Borrell va unida a un saber adentrarse para plasmar el espíritu de un pueblo, de una masía, de una calle... y envolverlo de una singular atmósfera poética y vitalista.
Borrell, a través de su obra, tiene la capacidad de sorprender, dentro de unos códigos pertinentes, en los temas más tradicionales del fluctuante mundo del arte. Cree que el pintor tiene que desmarcarse y por eso, dentro de la convencionalidad de su temática, busca que su obra sea reconocida por todas partes.
Rasgos característicos de su obra son: la fragmentación de los elementos formales (como son los lienzos y otros soportes que une en un mismo cuadro) y la texturación de las materias utilizadas (trabaja texturas conseguidas con elementos orgánicos con la intención y el deseo de que quienes vean sus obras lo hagan a través de la vista y el tacto).
Esta sugestiva visión de la realidad nos ofrece en sus cuadros una fusión del color diverso de las fachadas, las viejas puertas de madera, la ropa tendida en los balcones, las cortinas descoloridas... con algún que otro arbusto que crece y da sombra a las puertas y los balcones dejando que el dibujo sea el que subraye la estructura de la obra.
Se trata de una obra que, a través del encanto que transmiten los pueblos que nos describe, alaba la necesidad de hacer perdurable tanto el entorno como la gente que allí vive.
Numerosas son las exposiciones que ha realizado a lo largo de su trayectoria artística. Entre otras, podemos destacar las exposiciones realizadas en Andorra, Gerona, Figueras, Sant Cugat del Vallés, Puigcerdá, Palma de Mallorca, Barcelona, Lérida...
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