Joan CAPELLA

JOAN CAPELLA Y LA PERMANENTE VIDA DE SUS CUADROS, por Josep M. Cadena


Como patrón de la fundación que lleva su nombre y divulga su obra, experimento una gran satisfacción por el hecho que la Sala Rusiñol de Sant Cugat comience el año 2018 con una exposición dedicada a poner de relieve el trabajo pictórico de Joan Capella (Montcada i Reixac, 1927-2005). Dinamizador de la vida cultural de la población donde nació, y a la que poco antes de morir entregó su obra artística, desde los difíciles años de la posguerra había sido miembro fundador del grupo Tertulia, presidente de la entidad cultural La Unión de Mas Rampinyo y gran impulsor de unos notables cursos de pintura, motivos todos ellos que en 1997 llevaron al municipio a nombrar al pintor Hijo Predilecto de la Ciudad.
br>Pero a la vez que ejercía de promotor en el ámbito público, ponía de manifiesto a través de la propia obra una gran capacidad creativa, siempre rompedora con las imposiciones de la época que le tocó vivir y abierta a los corrientes europeos con los que conectaba. Y una muestra de su excelente labor como pintor es la que aquí se expone.

Si no me equivoco, se cumplen cuatro años de la última exposición de Joan Capella que Ignasi y Victoria Cabanas nos dieron la oportundad de ver en esta misma sala. Y Sant Cugat vuelve a tener ahora la oportunidad –honestamente creo que habría que llamarlo privilegio- de relacionarse con la pintura de Joan Capella y captar como en sus cuadros se encuentra la verdad del arte. El pintor amaba el color como una forma de llegar al latido de las formas humanas dentro de las actividades más simples. Montcada como núcleo urbano representativo de la sociedad catalana en el que se sentia plenamente integrado; las escenas que van desde los desnudos femeninos hasta los encuentros de pareja dentro del entorno familiar; así como los bodegones de frutas y peces, nos explican como somos por dentro y como nos manifestamos por fuera. Porque la pintura de Joan Capella, a pesar de que los años pasan y él hace más de doce que no se encuentra entre nosotros, vive por siempre, tal y como muestran sus cuadros, tan solo hay que mirarlos.


JOAN CAPELLA ARENAS (Montcada i Reixac 1927-2005)

En la década de los cuarenta inició sus estudios en Llotja. Su primer viaje a París, en el año 1945, y las posteriores estancias en la capital francesa influyeron decisivamente en el perfil de su lenguaje, más próximo al cubismo sintético de Juan Gris que al analítico de Picasso, aunque también con la exquisita figuración lírica de las naturalezas muertas de Braque y, sobre todo, cercano a algunos de los más destacados representantes de la llamada Escuela Española de París, como Bores, Peinado y Vives con quien estuvo en estrecho contacto. La obra de Capella se caracteriza por una sólida estructuración compositiva que se disuelve en un espacio subjetivo intensamente poético. Fue uno de los fundadores del Grupo Tertulia en la década de los 50, ganó el Premio Montcada el año 1953, y fue miembro del jurado del Premio Nacional de Pintura Juan Ramón Masoliver. El Ayuntamiento le nombró hijo predilecto de Montcada y Reixac el año 1997, población que acoge la Fundación Capella donde se gestiona la obra que Capella cedió al pueblo de la forma más adecuada y con la finalidad de mantenerla unida y que pueda ser mostrada al público.

JOAN CAPELLA, QUE CONJUGA EL ARTE Y EL CIVISMO, por Josep M. Cadena

Nacido en Montcada i Reixac el 27 de octubre de 1927, el pintor Joan Capella siempre se manifestó fiel a su ciudad -durante años viviría en el popular barrio de Marrampinyo y después, afectado por la edad y las dolencias, lo haría en el núcleo de la población- con un amor más que activo por su entorno y por las personas que se encuentran en él. Y con setenta y ocho años acabados de hacer, moriría el 30 de octubre de 2005 en su propio ambiente de amigos y conciudadanos. Y es que era, dentro de la singular personalidad que le daba su arte, una persona especial y de las más meritorias que he conocido al servicio de la verdadera cultura, aquella que tiene sus raíces en los sentimientos humanos y desea compensar a los demás de las carencias de ambiente y de las informaciones que les son negadas por la situación en que se viven. Por eso, muy joven aún -sólo tendría dieciocho años- en 1945 se integró en un grupo llamado Tertulia, el cual se mantuvo hasta 1957 y ayudó a dinamizar sin ningún tipo de partidismo la vida de la población. Hay que recordar que los resultados de una sangrienta guerra civil, que había afectado a su familia, eran muy visibles, además de angustiosos por el uso sectario que se hacía de ellos, motivos por los que resultaba realmente difícil creer en la concordia y en el respeto a las personas.

Esto ya era un gran mérito, en el que Joan Capella perseveró y que fue motivo para que en 1997, por ésta y otras causas, le fuese otorgado el título de Hijo Predilecto de Montcada, resultando así ser la primera persona que recibía esta distinción en aquel municipio.

Creo que era necesario destacar la calidad humana del artista de quien ahora la Sala Rusiñol ofrece una exposición. Esta es la última del año 2012 y la primera de 2013, motivo por el cual tiene cariz de homenaje a la figura del pintor Joan Capella como creador que fue y, para quienes no conozcan su obra, descubrirán la importancia creativa y renovadora que tiene su obra, siempre dentro de la figuración, de las formas demasiado encorsetadas entre las que él se vio obligado a manifestarse cuando en el lejano 1955, participó en la III Bienal Hispanoamericana de Arte del Parque de la Ciutadella de Barcelona -yo, entonces, tenía diecisiete años de edad e hice campana en el colegio para ir a verla, sin fijarme en Capella pero sí en el Cristo de Port Lligat y en el cesto de pan de Salvador Dalí-, así como después en los Salones de Mayo y en las temporadas de la añorada Sala Syra, aquella que tenía sus locales en el paseo de Gracia-Aragón barcelonés, en los bajos de la ahora tan turística Casa Batlló.

Escribo de lo que puede parecer muy lejano, pero que fue esencial para que Joan Capella se abriese artísticamente a las nuevas situaciones, que le permitieron depurar su estilo y ayudar a los demás, amigos y seguidores suyos, a cambiar de acuerdo a los aires de la modernidad que representaban las enseñanzas de obras entonces tan silenciadas entre nosotros como las de Cézanne, Picasso, Braque, Palencia y Bores, entre otros. Verdaderamente, se arriesgó a ser aceptado por los que mandaban dentro de las ideas estéticas y, tozudo, avanzó en la simplificación de las formas y en la amplitud de los contenidos para conseguir hacerse su propio lugar.

Ahora, en la Sala Rusiñol, podemos ver parte de la obra de Capella que a�n es accesible al p�blico para su adquisici�n. Porque pocos a�os antes de morir, el artista don� a Montcada y Reixac gran parte de su obra y una fundaci�n, creada por aquel municipio y que tiene a Jorge G�mez Ballesta como su director y como patrones a Jos� Corredor-Matheos y a otras personas �yo mismo soy uno- en su consejo directivo, somos quienes cuidamos de la obra y organizamos exposiciones y actos de pinturas y dibujos de Capella en diversos lugares. Y tambi�n somos quienes, con texto de Alex Mitrani y colaboraciones de Corredor-Matheos, G�mez Ballesta y m�a, en 2011 editamos el libro �Joan Capella (1927-2005), la modernidad cercana� que la explica en sus diferentes �pocas y facetas. Personalmente me quedo al margen, pero recomiendo la obra a todas aquellos que sentimos curiosidad para saber m�s de Joan Capella, pues fue, en verdad, importante como artista y como persona y su obra nunca parar� de crecer en el aprecio p�blico.

Ver la exposición del pintor(a): 01/2007 - El último maestro de la escuela de Paris

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