Es una elegante composición, seguida de una realización fiel –llena de oficio y sensibilidad- la que Josefina Ripoll (Barcelona 1936) cumple en su pintura. Obra nacida de un dibujo que sabe hacer obediente a los modelos, y que, abierto al otro que nace de la pincelación, asumiendo la caligrafía, aleja la duda y se acerca a la certeza de no caer en el error, constituyéndose en lenguaje expresivo de su quehacer. No es extraño que así sea: la dedicación al diseño de figurines, así como el vestuario escénico y los estudios de la técnica del fresco y de la figura al natural, se hacen notar en su obra expresada dentro de un lenguaje figurativo-realista que conoce el oficio y la manera de utilizarlos.
Pintora de gran sensibilidad, sus composiciones florales y sus bodegones van más allá de la representación figurativa. En sus cuadros se halla una natural y bien trabajada sensibilidad, junto a una notable y siempre creciente capacidad para motivar a la reflexión sobre las formas que tenemos los humanos de manifestarnos. Flores y frutos actuan como estímulos y, a pesar de ser fieles representaciones de unos elementos que ofrece la Naturaleza, hacen pensar en normas de vida.
Josefina Ripoll organiza les elementos de acuerdo a aquello que quiere expresar y deja que vaya fluyendo con naturalidad el discurso cromático. Porque a pesar de que los colores vienen de los que ofrece la Naturaleza, son tan sentidos por lo que interiormente representan que ofrecen las gracias del pensamiento por encima de las tonalidades que coge la materia. Emociones y sensaciones se enlazan de una forma lógica y muy positiva. Los ricos juegos de gamas, matices, presencia de la luz... aportaciones que pueden ser consideradas como verdaderas sinfonías, bien orquestadas por bien dirigidas.
En la pintura de Josefina Ripoll hay, sin lugar a dudas, el conocimiento de la técnica, la perfección en el conjunto y en los detalles, la capacidad para que el discurso estético sea eficaz. Pero lo que más hay es sensibilidad que informa de un amplio conjunto de virtudes humanas y que el artista transmite con natural sencillez en sus obras. Por eso éstas, sin dejar nunca de ser personales, tienen la gracia globalizadora de que las sentimos muy integradas en nuestras particulares vivencias.
Limones y membrillos, almendros en flor, bodegones con frutas mediterráneas y otras manifestaciones de la temática que más la representa, nos reafirman en las formas de sentir y de actuar que nos vienen de siempre y que, viviéndolas, las podemos transmitir a los que nos siguen. La Naturaleza sabe repetirse en sus ciclos para mantenerse fresca, joven y actual; y esto también pasa en la pintura de Josefina Ripoll.
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