VIVES FIERRO

Comunicación abierta en la pintura de VIVES FIERRO

El oficio de crítico de arte, en el que pronto llevaré cincuenta años de intensa brega, así como el de periodista durante más de medio siglo con dedicación siempre intensa, me ha permitido elaborar una sencilla teoría que quiero comunicar a todos los que dispongan de tiempo para leer esta breve introducción. El espacio del que dispongo es corto y por eso voy directo a la cuestión: creo que hay cuadros que miran y que, a la vez, hablan, mientras que existen obras (en general pasa con todas las manifestaciones del arte) que se cierran en ellas mismas y que callan. Esto, en principio, no es malo ni tampoco bueno, ya que el acceso a los placeres morales y estéticos es cosa de cada persona que los quiera practicar y bastante trabajo tienen los artistas en el momento de expresarse, pero también tenemos que convenir en que las realizaciones del primer grupo son, de entrada, más accesibles y facilitan la comunicación colectiva. Y esto es lo que pasa con las de Antonio Vives Fierro, a quien conozco y sigo desde mis inicios en esta doble labor de reflexión y de transmisión que practico.

Con Antoni Vives Fierro –Toni para los amigos- compartí muchas tertulias en el ya mítico bar de La Punyalada de Barcelona; se me dió la oportunidad de esbribir sobre su secreta independencia en el ya lejano octubre de 1973 y le acompañé a los Encantes de la plaza de las Glorias para observar con él el bullicio de una gente anhelosa por comprar y vender, así como para captar como telas de diferentes colores, colgadas de alambres para que se vieran bien, se movían, llevadas por el viento, como olas del mar o como miembros de una multitud que buscaba, sin saber nunca a dónde iba y a dónde podía llegar, su propia realización. También he dedicado textos a diversas exposiciones suyas y ahora me encuentro con la inesperada oportunidad de poder resumir (intentaré conseguirlo) lo que pienso sobre su actividad creativa, en la que él también lleva un largo medio siglo.

La exposición se titula Urbs picturata –que quiere decir, si el latín que medio aprendí en el bachiller de mis tiempos todavía me sirve, ciudad pintada- y responde a una exposición que presentó como Una mirada al Raval en la Residencia de Investigadores el año 2004, de la que surgió un agradable libro. Ahora es diferente y lo mismo, ya que el pintor –Vives Fierro siempre ha querido serlo desde la base, sin dejarse llevar nunca por las veleidades ajenas al arte- parte de lo que más quiere (las ciudades como organismos vivos) y pone en todo lo que hace una voluntad llena de experiencias.Las obras tienen la estructura de los lugares donde las casas, las calles y las plazas tienen personas que viven, pasan y –especialmente- dejan huella. Por eso ofrecen una personalidad plural y dinámica, hecha a medida que pasa el tiempo, con construcción y destrucción a la vez; con carteles y rótulos que han llegado no se sabe bien bien porqué pero que si fueran sacados –vade retro, ¡brigadas de limpieza urbana!- se echarían de menos porque miran y hablan dentro de un conjunto que es primordialmente comunicativo desde las formas y los colores.

Antoni Vives Fierro es, como persona, un hombre activo y dado a los demás. Y con su pintura hace lo mismo. Mira, habla y comunica lo que siente con franqueza. Y lo que es más importante, estimula a todo el mundo a fijarse en lo que ve, a decir las cosas con propiedad y a participar con sentido de colectividad que quiere avanzar y ser cada vez mejor.

José Mª Cadena

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