Ramon VILANOVA

Nació en Caldas de Montbui (Barcelona) el año 1947. Comenzó a pintar de forma autodidacta a los dieciseis años. A partir del año 1973 ha expuesto de forma continuada no sólo en Cataluña sino también en el resto de España y en el extranjero, recibiendo importantes premios de pintura. También ha formado parte de exposiciones en museos de Francia, Alemania y Estados Unidos, país éste último donde su obra goza de un gran prestigio.

Como ha dejado escrito el periodista y crítico de arte José Mª Cadena en el libro que acompaña esta exposición:

Ramon Vilanova tiene muchas virtudes humanas y pictóricas. Creo que las primeras han generado a las segundas, ya que artísticamente es autodidacta y se ha hecho a él mismo como pintor que ama la vitalidad que constantemente manifiesta la Naturaleza.

Para él no hay ningún aspecto del paisaje que no sea motivo de entusiasmo en lo que se refiere a la cratividad; especialmente aquellos más humildes y escondidos, que en principio no parecen tener ningún tipo de grandiosidad. Sin embargo, él sabe encontrarla en las hierbas de los caminos, en la zarza y en los espinos, en la flor que ya se marchita y en la hoja que pasa del verde más ufano al amarillo otoñal.

Visiones amplias de lo que es pequeño, pero que tiene la autenticidad de la lucha por la supervivencia a partir de las propiedades vitales -y aún aquí añadiría el calificativo de morales, en el sentido de aceptar la propia ética del existir- que se van perpetuando desde tiempos muy lejanos.

El pintor es instintivo, pero siempre sabe escoger lo que es mejor para que el canto a la vida que constituye toda su obra crezca y se extienda a partir de la seguridad que da el arraigo a la tierra. Porque los colores y las formas -impulsivos los primeros i arboladas las segundas- de Ramón Vilanova vienen de que hay una savia, un aprovechamiento de las potencias y una perfecta adecuación a los lugares donde cada cuadro realiza su acción de vivir por él mismo y, a la vez, comunicar, a aquellos que lo miran, las ganas de seguir haciéndolo.

Ésta exposición de Ramón Vilanova nos llega cuando, como por fortuna pasa todos los años, nos encontramos en el círculo navideño. Éste es de celebración en las familias, de recapitulación sobre aquello que hemos hecho por el prójimo y por nosotros mismos y de esperanza y proyección hacia el futuro. Y esta triple visión se encuentra en la obra de nuestro pintor, que nos describe situaciones muy cercanas a aquello que tenemos como habitual, nos ayuda a pensar sobre la permanencia de lo que es auténtico y nos da fuerzas para continuar dentro de la trayectoria que sabemos correcta o para rectificar si nos hemos equivocado.

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